Presentación sobre “De imaginación onírica y La vida es sueño” por Lía Scwatz

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En 1900, Sigmund Freud publicó Die Traumdeutung, un tratado sobre la interpretación de los sueños. En él, expone una teoría científica que consiste en desentrañar los misterios del subconsciente del individuo a través del análisis del relato de los sueños. La estructura psíquica permitiría posteriormente establecer una relación con las actividades mentales. Freud dice: “El sueño, realización de un deseo no expresado, se manifiesta siempre oscuro y extraño”. Con esta afirmación, Sigmund Freud pretende explicar que la mente de un sujeto oculta lo que no desea saber sobre su yo más íntimo. La novela psicológica del siglo XX toma estos principios freudianos para inventar personajes con una psicología profunda.

El tratado de Freud representó la ruptura con una larga tradición histórica sobre los sueños, que perduró desde el siglo V a.C. hasta finales del siglo XIX, que había ido evolucionando con el paso del tiempo. Esta tradición sostenía que los sueños podían revelar la voz de los dioses y predecir el futuro. En ella se establecía un proceso de clasificación que distinguía entre los sueños verdaderos y falsos.

En el lexema sueño en castellano, se juntan dos palabras latina: somnus, que significa “el acto de dormir” y somnium, que significa “la representación de sucesos imaginados durmiendo”. Con ambos significados aparece esta palabra en el soliloquio Segismundo en La vida es sueño. Este lexema se lexicaliza y se trivializa. Los antiguos estoicos y los neoestoicos transmitieran sus valores éticos jugando con la ambigüedad de esta palabra.

En la tardía antigüedad griega, Artemidoro de Daldis había difundido una clasificación de los sueños que siguió en vigencia hasta el siglo XIX. Está expuesta en su tratado Oneirocritica, en el cual aparece una clasificación según el contenido del sueño, el carácter y circunstancias de quien lo había soñado. Esta teoría fue difundida en la Edad Media por Macrobio en Commentarium in Somnium Scipionis.

Esta tradición llegó a ser conocida hasta en la época renacentista y barroca. Está constituida por la Odisea de Homero y la Eneida de Virgilio. En la Odisea aparecen dos puertas del sueño: una que da a los sueños engañosos y otra a los verdaderos. En la Eneida, durante el descenso de Eneas al mundo de los muertos, por la puerta de cuerno salían los sueños verdaderos y por la de marfil los sueños falsos.

Este tema, recurrente en numerosos autores, aparece en la segunda égloga de Garcilaso:

“¿Es esto sueño, o ciertamente toco la blanca mano? ¡Ah sueño! ¿estás burlando? Yo estábate creyendo como loco. ¡Oh cuitado de mí! Tú vas volando con prestas alas por la ebúrnea puerta; yo quédome tendido aquí llorando.”

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